EDUCACIÓN EN Y PARA EL TRABAJO

12 Ene, 23 | Educación

Para lograr una auténtica educación de calidad es indispensable conseguir que los alumnos trabajen y se esfuercen por aprender. Un buen maestro logra interesar a los alumnos en el estudio, les enseña a trabajar y les ayuda a esforzarse. El esfuerzo personal racional y ordenado es de suyo educativo y es el mejor índice de la madurez y del grado de responsabilidad de los alumnos.

El trabajo es un don de Dios, a través del cual el hombre se realiza a sí mismo, gana el sustento propio y el de su familia, participa en la obra creadora de Dios y contribuye al bien común y al progreso de la humanidad. El trabajo es, por tanto, un derecho fundamental del hombre y un deber moral de primera importancia.

La falta de esfuerzo no sólo conduce a un rendimiento escolar insatisfac­torio, sino que imposibilita la preparación para la futura vida profesional; es decir, un escolar que habitualmente no se esfuerza corre el riesgo de fracasar en sus estudios y de no prepararse para la vida. Por eso, es una falta de respeto evitar el esfuerzo al alumno, haciendo por él un trabajo que puede contri­buir a su formación, pues limita su progreso humano y empobrece sus naturales aspiraciones educativas. Es muy conveniente motivar para que se trabaje bien, pero sin olvidar que hace falta el esfuerzo, de modo que arraiguen hábitos y virtudes que lo faciliten.

En prime School el educador no será un repetidor de lecciones ni un simple transmisor de conocimientos. Su labor es mucho más rica: orienta y estimula a los alumnos, disponiéndolos para el esfuerzo que exige el estudio, para que trabajen con alegría. El profesor ha de considerar esta tarea como un objetivo fundamen­tal de su quehacer.

Sólo lo bien hecho educa al incidir directamen­te en la mejora personal del alumno. Por eso, importa mucho exigir habitual­mente un trabajo bien hecho, correcto en su contenido y cuidado en su presentación. No basta calificar como insuficiente un trabajo mal presentado: conviene hacer corregir las deficiencias, con prudencia, hasta que esté bien, con la intervención educativa que sea necesaria. En resumen, el trabajo es medio educativo por ex­celencia, sin el cual no es posible conseguir la formación de la personali­dad, ni el arraigo de los valores humanos; y el colegio es ante todo lugar de trabajo, donde los alumnos han de aprender a hacer rendir su tiempo y esfuerzo. Para lograrlo, es indispensable que los profesores preparen muy bien sus clases, enseñen a trabajar y hagan trabajar con perfección a sus alumnos, a la vez que se esfuerzan por ser ejemplo de trabajo bien hecho.